
Ocurre que hay días en los que me pregunto por todo aquello que le habita, por todo de cuanto usted se ocupa.
Luego, descubro que mi necesidad de saber es más espontánea, mas humana: es solo entender que quiere de mí.
Y sucede además que pasan los días y al no verle en ellos comienzo a sospechar que ya no existe, que se sumergió en la ausencia.
Pero florece de nuevo.
A veces con un motivo que distancia la cercanía,
A veces con una disculpa que acorta la distancia.
Y todo para luego huir dejándome ese aroma a ausencia y esa sensación de abuso.
Pero esta vez y a sus espaldas decido no buscar respuestas y tomo una decisión aún más dolorosa que mi incertidumbre, más inútil que camino hacia su diestra, más punzante que su desinterés en mí:
Hoy renuncio a nada.
Hoy deserto sin batalla.
Hoy desmonto el caballo y abandono mi espada porque no hay tal castillo ni dragón custodio y la princesa ya fue rescatada.
Hoy me niego a seguir esperando.
Hoy caminare con el sosiego del que nunca tuvo esperanza.
Luego, descubro que mi necesidad de saber es más espontánea, mas humana: es solo entender que quiere de mí.
Y sucede además que pasan los días y al no verle en ellos comienzo a sospechar que ya no existe, que se sumergió en la ausencia.
Pero florece de nuevo.
A veces con un motivo que distancia la cercanía,
A veces con una disculpa que acorta la distancia.
Y todo para luego huir dejándome ese aroma a ausencia y esa sensación de abuso.
Pero esta vez y a sus espaldas decido no buscar respuestas y tomo una decisión aún más dolorosa que mi incertidumbre, más inútil que camino hacia su diestra, más punzante que su desinterés en mí:
Hoy renuncio a nada.
Hoy deserto sin batalla.
Hoy desmonto el caballo y abandono mi espada porque no hay tal castillo ni dragón custodio y la princesa ya fue rescatada.
Hoy me niego a seguir esperando.
Hoy caminare con el sosiego del que nunca tuvo esperanza.